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Reinhard Bonnke

Bendecidos por Dios

Reinhard Bonnke

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Dios no es el culpable de nuestras desgracias. En Efesios 1:6 vemos reflejadas las leyes que habían sido establecidas por Moisés, “…para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”.

El primogénito de la mujer odiada debía ser “aceptado en el Amado”. Pablo utiliza en este versículo una palabra muy particular la cual solamente se encuentra dos veces en el Nuevo Testamento. Este pasaje bíblico dice, literalmente, que Dios nos ha “bendecido en el Amado”. Esa misma palabra fue utilizada por el ángel Gabriel en Lucas 1:28 cuando éste se le apareció a la virgen María y le anunció que ella era “…muy bendecida”.

La traducción común al inglés dice “muy favorecida”. Dios “favoreció grandemente” a María, y nos “favorece grandemente” a nosotros; aceptándonos en el “Amado” o en el “que Amamos”. Sin que exista excepción alguna.

La traducción (en inglés) que utiliza la Biblia NIV (Nueva Versión Internacional) lee: “El que Él ama”. Dios nos acepta en Su Amado. Dios habló desde el cielo y dijo que Cristo era Su “hijo amado” (Mateo 3:17). Nosotros somos bendecidos en Él, o junto a Él. Somos los herederos del Reino de Dios junto a “El Amado” (Gálatas 4:7).

Elías personificó los deseos del pueblo de Israel, pero Eliseo manifestó la misericordia de Dios.

Israel también fue su hijo amado. La Biblia dice en Malaquías 1:2-3, “¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob, y a Esaú aborrecí…”. Nosotros los gentiles, los que no descendemos de Jacob, éramos los “odiados”. Los que permanecimos en tinieblas mientras Dios le mostraba a Jacob su amor, a pesar de que Jacob era un ladrón.

Los hijos “odiados” son aceptados en el Amado del mismo modo en que el hijo de la esposa odiada de Levíticos debía ser aceptado. Es así como junto a Israel, nos convertimos en herederos de las bendiciones de Dios. Pablo les declaró a los habitantes de Corinto, una ciudad Romana, que ellos eran “inmensamente favorecidos”.
Eternos en Dios

El profeta Elías tenía un criado de nombre Eliseo quien le pidió a Elías que, “… una doble porción de tu espíritu sea sobre mí” (2 Reyes 2:9). Ahora bien, Elías era conocido en Israel por los increíbles milagros que realizaba, principalmente los que estaban relacionados a los juicios de Dios. Eliseo sabía que Elías iba a partir en poco tiempo y él no quería que el ministerio de Elías terminara.

De manera que para que la gloria de Dios permaneciera en Israel, Eliseo, quien era hijo espiritual de Elías, le pidió a Elías “una doble porción” de su espíritu. Sin embargo, Elías le contestó que eso era algo “difícil”, o más bien imposible de hacer. No obstante, Dios lo hizo.

Eliseo quizás pensó que recibiría la porción correspondiente al hijo mayor. Sin embargo, Dios no tiene por qué permitir que los hombres traten de compartir la unción que Él les ha dado. Una acción como esa lo que sugiere es que el Espíritu de Dios tiene límites. Fue por esto que Dios derramó sobre Eliseo una porción mayor de la que él había pedido o imaginado. Dándole así a Eliseo no sólo un ministerio de milagros dos veces mayor que el que Elías había tenido, sino también, un ministerio diferente. Un ministerio que fue conocido por la misericordia y la gracia de Dios.

Elías fue el profeta preferido de Israel porque los israelitas deseaban que Dios juzgara a sus enemigos, como vemos claramente en el libro de los Salmos. Elías personificó los deseos del pueblo de Israel, pero Eliseo manifestó la misericordia de Dios.

El ángel le dijo a Zacarías, el padre de Juan el Bautista, que Juan vendría en el espíritu y poder de Elías. Fue por esto que los mensajes de Juan reflejaron un espíritu de juicio. Los discípulos de Cristo también mostraron una actitud similar a la de Elías en Lucas 9:53-54, cuando le dijeron al Señor, “¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?” (similar a lo que hizo Elías con un poblado en Samaria). Pero en Lucas 9:55, Jesús les dijo, “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois…”, dándoles a entender que como portadores del Evangelio, ellos poseían el espíritu de la gracia y de la misericordia de Dios.

Cuando Juan el Bautista escuchó que Jesús no había venido a destruir a los enemigos de Israel sino a realizar obras de gracia y misericordia, se preguntó a sí mismo si las cosas que él había anunciado acerca de Jesús habían sido ciertas. Cristo le envió a decir a Juan que no se desanimara, asegurándole que las obras de Dios no sólo estaban basadas en juicios y que Él sí era aquél a quien él (Juan) había estado esperando.

Nosotros aprendemos – lentamente. Eliseo aprendió a creer en Dios para recibir una doble porción. Jesús le mostró a Juan el Bautista mucho más de lo que él (Juan) había profetizado o Eliseo alguna vez soñó. Dios ungió a Moisés con su Espíritu. Luego, los 70 ancianos que ayudaban a Moisés también fueron ungidos con el Espíritu de Dios. Josué se preocupó al ver cómo Dios derramaba su Espíritu sobre las personas. Al parecer, él pensaba que el Espíritu de Dios se podía acabar.

El profeta Joel habló del Espíritu que vendría sobre “toda carne”. Los primeros testigos de esa profecía fueron los 120 en el Día de Pentecostés. Luego unas 3,000 personas recibieron también la promesa y más adelante otras 5,000. Entonces, la promesa del Espíritu Santo se comenzó a esparcir por Samaria, Corinto y Éfeso. En Ezequiel 47:1-12, el profeta describe una visión de la naturaleza ilimitada de Dios. Primero, las aguas que Ezequiel veía, le llegaban a los tobillos. Luego le llegaron hasta los muslos. Por último, las aguas crecieron al punto que se podían nadar. Una bendición continua y abundante de lluvias, inundaciones y cataratas.

Para poder ser imitadores de Dios, tenemos que estar dispuestos a dar. Sin ser irreverente, yo opino que Dios es un Dios extremista. Extremista en su amor, el cual triunfó sobre la maldad, cuando dio todo cuanto tenía en la Cruz. ¡Cuánta generosidad! Nosotros no tenemos otro valor que el precio que Él pagó por nuestra redención.

Dios puso su manto de amor eterno sobre su desordenado planeta – ¡qué manto tan valioso y lujoso fue ese! Así es Dios, mucho más generoso de lo que podamos imaginar en nuestras limitadas mentes. ¿Cómo es posible que las personas canten: “llena mi copa Señor”? ¿Qué clase de teología Bíblica o concepto de Dios es ése? ¿Una copa? ¿No fue a caso el primer milagro que Jesús realizó un ejemplo de increíble abundancia – al producir galones de vino fino?

Sus promesas son manantiales de aguas vivas. “¡Regocíjese en el Señor!” Deléitese en la generosidad de Dios. ¿Duplicar? Sí, Dios siempre está duplicando las cosas.

El evangelista Reinhard Bonnke es conocido principalmente por sus grandes Cruzadas Evangelísticas por todo el continente de África. Hijo de pastor, Reinhard entregó su vida al Señor a los nueve años de edad, y oyó el llamado al campo misionero africano antes de llegar siquiera a la adolescencia. Después de estudiar en el seminario bíblico en Gales y su ordenación en Alemania, pastoreó una iglesia y después fue a comenzar la obra misionera en África. Fue allí, en el pequeño reino montañoso de Lesoto, donde Dios puso en su corazón la visión de “el continente de África, siendo lavado en la preciosa sangre de Jesús”; un continente entero, desde Ciudad del Cabo hasta Cairo, y desde Dakar hasta Djibouti, que necesitaba ser alcanzado y oír la proclamación del evangelio seguido de señales. El evangelista Bonnke comenzó a realizar reuniones en una carpa que acomodaba solamente a 800 personas, pero a medida que la asistencia fue aumentando regularmente, tuvieron que comprarse carpas cada vez más grandes, hasta que finalmente, en 1984, él comisionó la construcción de la estructura móvil más grande del mundo: ¡una carpa capaz de dar asiento a 34.000 personas! Pronto, la asistencia a sus reuniones llegó a sobrepasar la capacidad de esta inmensa estructura, y él comenzó a realizar Campañas Evangelísticas al aire libre, ¡con una reunión inicial de más de 150.000 personas por servicio! Desde entonces, ha realizado reuniones en ciudades por todo el continente, con hasta 1.600.000 personas asistiendo a una sola reunión, usando inmensos sistemas de sonido que pueden oírse a millas de distancia. Ahora han pasado cuarenta y cinco años desde que Reinhard Bonnke fundó el ministerio internacional de Cristo para Todas las Naciones (CfaN), que actualmente tiene oficinas en los Estados Unidos, Brasil, Canadá, Alemania, República Checa, Reino Unido, Nigeria, Sudáfrica, Singapur, Australia y Hong Kong. Desde 1987, mediante multitud de grandes eventos en África y otras partes del mundo, el ministerio ha registrado más de 77 millones de decisiones por Jesucristo documentadas.

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