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Juan Carlos Ortiz

Logros de la Cruz, el Pecado Pierde Su Poder

Juan Carlos Ortiz

Publicado

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Rom. 3:20, 4:15, 7:8, 5:13, 20, 7:7, 1 Cor. 15:56, Gal. 3:10
Por Dr. Juan Carlos Ortiz
Ministerio Hispano de la Catedral de Cristal
Garden Grove, California

Primera Frase: La experiencia nos dice que lo prohibido es lo más tentador.

INTRODUCCIÓN

Visitando Catedrales en Inglaterra, en el sótano de una de ellas, pasamos por un pasillo con puertas cerradas de ambos lados. En una decía: «no abrir esta puerta». Allí se detuvo el grupo y preguntó al guía, «¿qué hay detrás de esta puerta?». Nadie se detuvo en las puertas que no decía nada, ¿por qué? Cuando era niño, había plantas de mandarinas en el patio de la escuela, que nos estaba prohibido tocar.

Aunque las mandarinas se vendían a 0.05 la docena y las podíamos comer tranquilamente en nuestra casa, nos tentábamos a arrancar esas y comerlas agrias y apuradamente con un miedo terrible que nos descubran, ¿por qué? Cuando leemos «prohibido tocar, recién pintado» nos dan ganas de pasar el dedo…! ¿Porqué el sexo es tan tentador cuando somos novios y muchos después de casados no son románticos? Si el sexo fuera prohibido en el matrimonio, ¡los casados seríamos mucho más románticos! ¡Lo prohibido atrae más! La prohibición le da fuerza y poder al pecado.

A. LA LEY NO AYUDA A LA SANTIDAD, LA HACE MÁS DIFÍCIL.

1. Pablo: «La ley es el poder del pecado» 1 Corintios 15:56, Romanos 7:7-9, «Yo hubiera ignorado la concupiscencia si la ley no dijera: ¡no te des a la concupiscencia!» Romanos 8:7. «La ley despierta en mí los deseos impuros, porque sin la ley, el pecado está muerto» Romanos 7:8. «Cuando vino el mandamiento, el pecado revivió» Romanos 7:9. Si «la ley da poder al pecado», el pecado no tendría poder si no hubiera una ley.

Si la ley no dijera»prohibida la concupiscencia yo hubiera ignorado la concupiscencia», sería indiferente a la concupiscencia. Si «sin la ley el pecado está muerto», sería mucho más fácil no pecar si yo fuera totalmente ignorante de la ley o inconsciente de ella.

2. Los mandamientos prohibitivos nos despiertan el deseo, y después que lo hacemos, nos condenan y hacen sentir miserables. «Porque cuanto más conocemos la ley de Dios, más nos damos cuenta que no la obedecemos; la ley nos hace vernos pecadores» Romanos 3:20. «La ley intervino para que abundara el delito» Romanos 5:20. La ley con sus prohibiciones en vez de ayudarnos le da más fuerza a la tentación y luego, al ser vencidos por el pecado, nos condena.

3. Si el deseo de ser buenos nace de dentro de nosotros, lo hacemos con gusto pero si nos mandan, nos rebelamos. ¡Cómo le cuesta a la joven ayudar con los quehaceres de la casa! Agarran el trapo de piso que da lástima, se quejan y cansan. Pero el día que presentaban al novio, limpian la casa hasta lo que no se les pidió y no se cansan. Ya no es un mandamiento de afuera sino un deseo de adentro. Así quiere Dios que les sirvamos.

No por obligación sino por amor. A veces los hijos quieren dar una sorpresa a los padres y hacen un desayuno o cocinan, pero si los mandan, no lo quieren hacer. Cuándo nos mandan de afuera, se destruye la emoción y el gozo de ofrecer algo voluntariamente. La ley hace que la Santidad sea una obligación pesada. La ley hace de la santidad un imposible.

La experiencia nos dice que lo prohibido es lo más tentador.

B. JESÚS NOS LIBRÓ DE LA LEY.

1. La ley es santa, justa y buena Romanos 7:12. Todo lo que la ley manda es correcto. El problema es que pide un imposible. San Pablo dice: «Yo soy carnal, vendido a la esclavitud del pecado» Romanos 7:14. «El querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no» Romanos 7:18. «En mi mente me deleito en la ley de Dios, pero veo otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor» Romanos 7:22-25.

2. Nosotros somos rebeldes por naturaleza, lo heredamos de Adán y Eva. Obligarnos a obedecer es como obligar al cerdo que no se ensucie, al pez que no se moje, al ave que no vuele y al gato que no persiga al ratón. El cerdo se ensucia y es feliz. Pero si le hacemos entender que no debe ensuciarse sin cambiarle la naturaleza, además de seguir siendo sucio, se sentirá miserable, el mandamiento empeoró su situación. La ley no nos cambia y encima nos hace sentir miserables.

3. ¡Pero aquí viene otro Logro de La Cruz! Jesús no vino a abrogar la ley, porque no es la ley que está mal, ¡somos nosotros los que tenemos una naturaleza rebelde! ¡Somos nosotros los débiles que no podemos cumplirla! Si alguien debe morir somos nosotros, no la ley. La ley seguirá siempre vigente Mateo 5:17-20.

Jesús dijo: «Si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.» Los Escribas y los Fariseos eran los más celosos cumplidores de la ley, y Jesús les dijo «Hipócritas… ciegos… sepulcros blanqueados por fuera y podridos por dentro» Mateo 23:25-28. Entonces ¿quien la puede cumplir? ¿Qué esperanza nos queda si la ley nunca se abroga y nosotros no podemos cumplirla? ¿Qué esperanza nos queda si nosotros somos el problema? Nuestra única esperanza es ¡la Cruz de Cristo!

4. «A vosotros se os hizo morir a la ley por medio del cuerpo de Cristo» Romanos 7:4 Biblia de las Américas. «Habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo» Reina Valera, «Quedasteis muertos respecto de la ley por el cuerpo de Cristo» Jerusalem, «Como ustedes murieron con Cristo en la cruz, y están muertos, ya no están bajo la ley ni ella sigue teniendo poder sobre ustedes» La Biblia al Día, «La muerte de Cristo en la cruz os ha hecho ‘muertos’ a los reclamos de la ley» Phillips Modern English.

Como el problema éramos nosotros, no la ley, no es la ley que debe dejar de existir sino nosotros. En la cruz, nosotros fuimos crucificados con Cristo. Ya no vivimos nosotros, ahora vive Cristo, el Perfecto en nosotros Gálatas 2:20. Para librarnos de la Ley, ¡Jesús nos mata a nosotros y nos resucita!

C. AHORA ESTAMOS CASADOS, UNIDOS, LIGADOS A CRISTO

1. Jesús compara a nuestra inseparable y fatal relación con la ley, como la relación de un matrimonio Romanos 7.1-4. Estábamos casados con la ley. Solo la muerte podía terminar ese matrimonio. Para librarnos de la ley Jesús nos da su muerte. La cruz nos libró del viejo marido. Jesús nos regaló su muerte para librarnos del Sr. Ley y su resurrección para poderse Él casar con nosotros. Ahora él es nuestro esposo. ¡Qué cambio! Estabamos casados con una piedra dura, seca, insensible, que no oía, que no hablaba que no comprendía. Ahora sin ley el pecado está muerto Romanos 7:8, perdió su poder, ¡ser santo ahora es una papa!

2. Algunos creyentes dicen que aman a Jesús, pero también procuran estar bien con la ley. Eso es adulterio, eso pone celoso a Jesús. Él es ahora nuestro esposo. ¡Cuidado porque el Sr. Ley es un viudo que anda buscando esposa y la va a buscar a la Iglesia! Nuestro esposo es Cristo, no más una piedra sino una persona con sentimientos, tierno, amoroso, que nos comprende y nos ama, ¡Qué diferencia! ¡Este es otro logro de la cruz! La Iglesia es la «Esposa del Cordero» Apocalipsis 19:7-9.

La vida de consagración al Señor será tan intensa como el amor hacia él. No se trata más de cumplir mandamientos, ¡Hemos muerto a la ley! Ahora se trata de cultivar una relación de amor con el nuevo marido. Más cultivo mi amistad amorosa con él, más consagrado y santificado me hará esa relación. Mi devoción no es más a una lista de mandamientos sino a una persona que me hará mucho mejor que lo que hubiera sido si hubiera podido cumplir con todas las demandas de la ley Gálatas 5:22-25.

3. Cristo es nuestro esposo, cabeza y amigo. Aunque 15 minutos de lectura bíblica y oración por día es bueno, no es suficiente para el romance. El tiempo con el Señor debe ser sin apuro y suficiente como para que él pueda marcar su vida, carácter y naturaleza en nosotros. Después de cada encuentro con Él somos más como Él 2Corintios 3:18, 2 Pedro 1:4. Si estamos en Cristo, no podemos tener más ninguna relación con la ley Galatas 5:18, Ahora no son los mandamientos escritos que nos guían sino el Espíritu de Cristo.

Ahora sus deseos están grabados en nuestros corazones Jeremías 31:33. Conversamos, nos guía, está adentro nuestro, somos uno. Es amoroso, dulce, comprensivo, perdonador, tiene sentimientos, no es un libro sino una persona con sentimientos que me ayuda, me hace tener ganas de ser mejor cada día, me santifica con su presencia y me mueve a ser mejor Ezequiel 36:27. El me hace andar en sus caminos y hacer sus obras Efesios 2:10.

CONCLUSIÓN

Hoy hemos considerado el tercer logro de la cruz. Nos justificó porque pagó nuestra culpa. Nos santificó porque crucificó nuestro viejo hombre y nos liberó de nuestro anterior marido, el Sr. Ley para que seamos de Cristo.

Cuando una persona entiende este mensaje hace dos cosas. Comienza una relación íntima de devoción y comunión con el nuevo esposo, un romance. Y se libera de toda conciencia de la Ley y mandamientos escritos. Ahora serviremos a Dios «bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra» Romanos 7:6, y agradaremos a Jesús tanto como le amamos. Si no nos enamoramos y pasamos tiempo con Él, si nuestra vida con Dios no es un romance, entonces no es él nuestro esposo, nuestro esposo es todavía un libro de mandamientos. No podemos estar solteros, o estamos totalmente bajo Cristo o totalmente bajo la ley.

INVITACIÓN

La experiencia nos dice que lo prohibido es lo más tentador. Las escrituras dicen que es la ley la que le da fuerza al pecado y la tentación. En el subsuelo de esa Catedral en Inglaterra, todos paramos frente a la puerta que decía: «no abrir esta puerta», no en las otras. Las otras que no tenían cartel las pasábamos sin darnos cuenta. Un creyente que comprende lo que enseñé hoy, y se reconoce de verdad totalmente muerto a la ley, ha vencido al pecado. Es indiferente y no le hace ni fu fa el pecado. Luego comienza el romance con Jesús. Cultivando esa intimidad, la vida de él pasará a ser la suya.

ORACIÓN

Señor, quiero visualizarme en la cruz. Sí, cierro mis ojos, me veo clavado en la cruz, me declaro muerto. El viejo marido, la ley con sus innumerables mandamientos que me hacían miserable, se va del pie de la cruz sabiendo que me perdió.

El es ahora un viudo que busca novia. ¡Ah! ¡pero no yo! Yo ahora soy del que murió y resucitó por mí. Me visualizo como una novia vestida de blanco, del brazo de Cristo, marchando al son de la Marcha Nupcial. Ahora me he unido a Cristo mi Señor, mi amado, mi amigo, mi ayudador, mi santificador, el que me da su vida, su santidad, su justicia y su amor. Ahora soy suyo para siempre. Por fin me siento amado y puedo amar. ¡Que hermoso es tener ganas de agradarte, de ser limpio! ¡Qué lindo es amar y ser amado! Amén.

Juan Carlos Ortiz se ha graduado en 1954 en el Instituto Río de La Plata en Buenos Aires, Argentina. Es un predicador que con sencilles explica las escrituras. Sus predicas como sus libros son altamente requeridos en todo el mundo. El ha tomado numerosos cursos en todo el mundo. Durante dos años realizó estudios teológicos intensos y fue examinado por los teólogos de la Iglesia Evangélica Presbiteriana en los Estados Unidos y más tarde por los teólogos de la Iglesia Reformada de América, donde fue ordenado como un Reformador Minister. In 1989 el Dr. Ortiz fue concedida Doctor Honoris Causa por la Escuela de Graduados de Teología de California Dr. Juan Carlos Ortiz es Pastor Principal emérito de la Catedral de Cristal en Garden Grove, California. En 1956 fue ordenado Pastor en la Asambleas cristiana de la Argentina. Su vasta experiencia en grupos de discipulado pequeños lo ha llevado a convenciones, congresos, universidades, seminarios e iglesias en cinco Continents. El ha sido profesor en el Instituto Bíblico Río de la Plata, en Argentina y profesor en la Escuela Robert Schuller de la Predicación, que operaba en el campus de la Catedral de Cristal y de la Universidad de Pastores en Los Ángeles. Él también sigue aceptando algunas de las muchas invitaciones de todo el mundo y de los EE.UU. para enseñar en las conferencias y seminarios de diferentes denominaciones. Por cinco años, el Dr. Ortiz produjo la serie de televisión, La Hora de Poder, que fue transmitido en doce países de América Latina.

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