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John Piper

Un Reino Inconmovible

John Piper

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Hebreos 12:25:29
Mirad que no desechéis al que habla, pues si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desechamos al que amonesta desde los cielos. Su voz conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido diciendo: «Una vez más conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo».

Y esta frase: «Una vez más», indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Así que, recibiendo nosotros un Reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego consumidor.

Estaba cenando con un grupo de pastores en la cede principal de “Navigator” en Colorado Spring el martes en la noche, y se nos aviso que había ocurrido un gran terremoto en San Francisco y que parte puente en la Bahía de San Francisco (Bay Bridge) se había derrumbado, y eso era todo lo que sabíamos. No teníamos ni televisión ni radio. Uno de los hombres en mi mesa dijo, “Si el puente en la Bahía de San Francisco se derrumbó, esto es serio—oremos”. Y en el medio de la cena bajamos nuestras cabezas y le pedimos al Señor que su misericordia cayera sobre la gente del área de la Bahía.

¿Qué Nos Dice Dios en el Terremoto?

Fui a mi habitación tarde esa noche y el Señor parecía venir sobre mi con una carga grande y poco corriente en relación con algo sobre lo cual yo no tenía información alguna, excepto que podría ser algo imponente. Por lo tanto me encontré a mis mismo orando con gran seriedad para que Dios utilizara lo que había pasado para tornar los corazones hacia él y que causara que su propósito de misericordia en el mundo prosperara.

La próxima mañana cuando todos los treinta pastores se reunieron para una de nuestras reuniones, escuchamos un poco más y pasamos tiempo orando de nuevo a medida que uno y otro leía la Escritura y oraba. Mientras oraba, el texto que me vino a la mente fue Hebreos 12:25:29, “Recibiendo nosotros un Reino inconmovible, tengamos gratitud.” Y lo leí mientras orábamos, y los hombres se conmovieron, y oramos aun con mayor seriedad basándonos en el texto de que Dios cambiará la tragedia en triunfo al remover las afecciones de las personas del mundo de vida fácil llevándolas al reino de Dios.

Cuando terminamos de orar y el seminario estaba a punto de ponerse en marcha, me sentía tan oprimido que deje el cuarto por un momento e hice una llamada de larga distancia a Shelley Long y le dije que creía que el Señor quería que yo cambiara el texto de mi sermón de este domingo y trajera un mensaje del Señor relacionado con el terremoto. Eso es lo que quiero hacer hoy en la mañana.

Me gustaría orar antes de comenzar. . .

Humíllate como un niño. Reconoces que hay un Padre en el cielo. Mira el regalo ofrecido a través de su Hijo Jesucristo

O Padre celestial, es durante momentos como estos en la vida de una nación cuando la voz del Señor necesita oírse, y tienes mucho que decir, y nosotros tenemos poco tiempo para decirlo. Entonces ven, Padre, reduce todo hasta su mera esencia, afila la flecha de tu Palabra, que se hunda profundamente para que haga su trabajo de misericordia en las vidas de todos los que están aquí. Ruego esto en el nombre de Jesús. Amén.
¿Qué Dios esta tratando de decirnos en este terremoto? Para averiguarlo, pasemos a la Biblia. La Palabra escrita de Dios es dada para ayudarnos a interpretar su voz en la naturaleza—ya sea su voz en los vientos del Huracán Hugo, o en accidentes de avión o de auto, o en la voz de la tierra en San Francisco. La Biblia no es silenciosa en relación con los terremotos. Y cuando estos despiertan la atención de nuestra nación, necesitamos regresar y recordar que significan.

Cuatro Puntos a Considerar

Hay cuatro puntos que creo importante mencionar.

Dios ha designado un gran terremoto para llevar a este mundo a su fin—un último temblor de la tierra y los cielos algún día llevará a su fin a esta creación en decadencia como la conocemos y traerá el reino de Dios a consumación.
Antes de que este gran temblor venga, Dios también ha asignado que hayan otros terremotos de frecuencia en incremento y en intensidad y calamidades que llevarán a todo al gran final, en la forma que el dolor de parto lleva al nacimiento de un niño.
Antes del final de esta época, Dios y su gran misericordia ofrece a todos los que creen en su Hijo un reino inconmovible y nunca terminará.
Por lo tanto, adoremos a Dios con reverencia y sobrecogimiento, a sabiendas de que Dios es fuego consumidor.
Hablemos de estos puntos uno a la vez y trataremos de descifrarlos a partir de este texto y algún otro sitio en la Escritura y esperemos que coloquéis vuestros pies sobre una Roca para vuestro propio estímulo y servicio gratuito y entregado por Jesucristo. Invito a todos los creyentes en la iglesia a orar para que haya una atracción irresistible hacia el evangelio de Jesucristo en estos días para que cada semana por lo menos alguien pase de la muerte a la vida, ya que hay un temblor que viene, y no puedo dejar de pensar que todos quieren un lugar para sostenerse y que todos verán que el sitio más seguro en el mundo para sostenerse es la sensatez del Dios todopoderoso, redimiendo a la gente a través de su hijo.

1. Un Gran Temblor Final

Dios a designado un gran temblor final de la tierra que significará el final del mundo como lo conocemos y el comienzo de algo infinitamente mejor—la consumación de su reino.

Veamos primero los versos 26-27 de nuestro texto:

“La voz de Dios conmovió entonces la tierra (se refiere al temblor en el Monte Sinaí cuando vino a dar la ley, Éxodos 19:18); pero ahora ha prometido diciendo (hace alusión a Ageo 2:6), ‘Una vez más conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo’. (Y entonces viene la interpretación de esta profecía). Esta frase, ‘Una vez más’, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles”.

Ahora lo que tenemos aquí es una profecía bíblica que un día vendrá en el cual habrá un temblor tan violento en la creación que el mundo como lo conocemos será eliminado. Ya no existirá. Vendrá una nueva gloria y una nueva tierra en la cual la rectitud morará, pero este mundo sucumbirá a un cataclismo, y el mundo como lo conocemos será eliminado, y lo inconmovible permanecerá—el reino de Dios y todos los que en el moran.

Existen otros cuantos sitios en la Biblia donde esto aparece claro. Por ejemplo,

Porque haré estremecer los cielos y la tierra se moverá de su lugar por la indignación de Jehová de los ejércitos, en el día del ardor de su ira. (Isaías 13:13)
Así que un día vendrá, el Día del Señor, de ardiente ira y justo castigo y justicia sobre la tierra por su pecado, y la tierra temblará fuera de sitio.

Temblarán los cimientos de la tierra. Será destruida del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida. Temblará la tierra como un ebrio y será removida como una choza, y tanto pesará sobre ella su pecado, que nunca más se levantará. (Isaías 24:18-20).
De nuevo, una profecía decisiva de que este mundo como lo conocemos un día se tambaleará en sus cimientos y se derrumbará; y todo terminará. Y sólo Dios y su gente se sostendrán.

Miré cuando abrió el sexto sello, y hubo un gran terremoto. El sol se puso negro como tela de luto, la luna entera se volvió toda como sangre. . . El cielo se replegó como un pergamino que se enrolla, y todo monte y toda isla fueron removidos de sus lugares. Los reyes de la tierra, los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, todo esclavo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes, y decían a los montes y a las peñas: «Caed sobre nosotros y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero, porque el gran día de su ira ha llegado y ¿quién podrá sostenerse en pie?» (Apocalipsis 6:12-17).
Así que viene un gran terremoto cuando todos los no creyentes quienes han rechazado el evangelio, quienes han vivido por los placeres mundanos, quienes han ignorado la voluntad de Dios quieren ser aplastados por la autopista interestatal 880 (Nimitz Freeway) en vez de enfrentar a Dios.

Y salió una gran voz del santuario del cielo, desde el trono, que decía: ¡Ya está hecho!» Entonces hubo relámpagos, voces, truenos y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande cual no lo hubo jamás desde que los hombres existen sobre la tierra. La gran ciudad se dividió en tres partes y las ciudades de las naciones cayeron. La gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira. (Apocalipsis 16:17-19)
La gente que vive en California bromea sobre “el grande” que viene algún día. Hay un grande que viene algún día. Es más grande de lo que nadie puede imaginar. Y el deseo en mi corazón a medida que oro sobre esto es que sepan que tan grande “el grande” que viene realmente es.

Es tan infinitamente más grande de lo que ellos saben—o cualquiera sabe. Nuestras imaginaciones no pueden concebir como sería cuando las estrellas del cielo caigan sobre la tierra, cuando tiemblen los cimientos de la tierra y se desplome, y todas las islas y montes desaparezcan, y solo exista Dios con quien tratar. ¡Sólo espero y ruego que cualquiera de ustedes que se sienta seguro y salvo fuera de Cristo tiemble de pensarlo, porque enfrentaran a Dios algún día sin nada en que sostenerse que no sea lo que existía en sus corazones cuando llegó el temblor!

2. Dolor de parto

Antes de que el fin venga, Dios ha designado que este gran temblor final le precedan pequeños terremotos y otras calamidades para avisar algo imponente, en la misma forma que las contracciones y los dolores de parto preceden el nacimiento de un niño avisándonos que viene.

Este punto en particular no aparece en nuestro texto de Hebreos. Se encuentra en las palabras de Jesús a sus discípulos en Mateo 24:7-8. Los discípulos le preguntan a Jesús cuál será la señal de este advenimiento y el final de la era (versículo 3). Respuesta en el versículo 6 y los siguientes.

Oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca, pero aún no es el fin. Se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares. Pero todo esto es solo principio de dolores de parto.
Nótense tres cosas: 1) se avecina un final (“pero aún no es el fin”), 2) antes de que venga habrán guerras, terremotos, y hambres; 3) estas calamidades antes del final se les llama “dolores de parto”.

Llamar dolores de parto a los terremotos y a las guerras y a las hambres es importante por dos razones. Primero, quiere decir que habrá un incremento en la frecuencia de estas cosas a medida que el final se acerque y a medida que la intensidad de los mismos incremente, ya que esta es la forma que pasa con el dolor de parto. Segundo, significa que adonde estos terremotos nos conducirán será hacia algo maravilloso, como el nacimiento de un niño. El parto puede ser doloroso, pero lleno de esperanza. Ellos son los dolores de parto del Reino. Eso es lo que significará el aumento en la frecuencia de las calamidades a medida que la era llegue a su fin.

Debemos, entonces, escuchar en todo rumor de guerra y en toda hambre y en todo terremoto, primero, la voz del Señor que dice “¡Yo reino! Y soy un Dios de santidad y justicia e ira y no aprobaré el pecado”. También debemos escuchar en este gran temblor, “soy un Dios de misericordia, un Dios de esperanza. Traigo el reino. No quiero que pase repentinamente sin advertirlo. Les he advertido una y otra y otra vez con temblores que los debió de haber desprendido del amor al mundo”. Eso es el significado de este terremoto. Cree en Dios. Ponte en sus manos.

Pablo nos enseñó lo mismo en Romanos 8:19-22,

Pues la ansiosa espera de la creación (decir creación significa toda forma de objeto inanimado, por ejemplo, las placas geológicas debajo de California del norte) desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto.
¿Ahora quién sometió a la creación a la vanidad “en la esperanza”? ¿Satanás? ¡No! Satanás no somete nada por nada en esperanza; Dios es un Dios de esperanza. Dios sometió a la creación a la vanidad en la esperanza, para cuando la maldición cayera sobre el mundo con todas sus múltiples descomposiciones y vanidades, fue Dios que maldijo al mundo por el pecado—pero en la esperanza.

Si preguntamos, “¿Por qué Dios ordena que haya un incremento en la frecuencia y en la intensidad de los terremotos al final de la era, a medida que se acerca el Señor?” La respuesta bíblica parece ser que Dios pretende dar avisos de precaución terribles y llenos de esperanza antes del Día del Señor, de la misma forma que los dolores de parto son avisos de precaución llenos de esperanza al padre y a la madre de que deben prepararse e ir a un lugar seguro a dar a luz. Dios pretende dar dolores al mundo para que el mundo despierte y sepa que algo esta a punto de suceder.

Esto es misericordia de que con toda la tragedia existente en todas las calamidades del mundo, esta la voz fuerte y rigurosa de un santo Dios que dice, “Prepárate se avecina un temblor que no dejará casa alguna de pie, ni edificio de pie, ni sitio para apoyarse que no sea el trono”. Esto es lo que eso quiere decir—estas son advertencias. Y habrá una cantidad de calamidades que aumentaran en número, y crecerá el sentido de inestabilidad en el mundo y las gentes agarraran y otros se aferraran al dinero y se apegaran al poder y otros irán tras la botella y otros tras el sexo y algunos irán tras las vacaciones y solamente el amor de unos pocos no se enfriará porque el caos se multiplicará.

Esos serán los que escucharan la voz del Señor en el temblor de nuestro mundo en estos últimos días. Abran sus ojos para poder leer las señales de los tiempos para que no les tome de sorpresa cuando vengan las calamidades. Ya sea tu propia pequeña calamidad de un paro cardíaco, o ya sea que todos caigan con el terremoto. Se avecina, y el Señor nos advierte de su llegada. Una y otra vez él estremece a la gente para que despierten a la realidad de la inestabilidad de este mundo y a la conveniencia del reino inconmovible que nos ofrece.

3. El Regalo de un Reino Inconmovible

Antes del final de esta era, Dios dará a todos los que creen en su Hijo un reino inconmovible y nunca acabará.

Este es el mensaje de toda la Biblia. Pero para verlo debemos ver el versículo 28 de nuestro texto:

Así que, recibiendo nosotros un Reino inconmovible, tengamos gratitud.
Nótese: ya lo hemos recibido. El versículo 27 indica la remoción de las cosas movibles con un gran temblor, para que queden las inconmovibles. El versículo 28 dice que ya hemos recibido el reino inconmovible.

Este es el gran gozo de ser cristiano. No importa si vives en Santa Cruz de California, o en Charleston, Carolina del Sur, o en las riberas del Rio Ganges en Bangladesh—tienes un reino que ya se te ha dado, y tu vida en Cristo es inconmovible. Esto no quiere decir que debajo de la autopista interestatal 880 (Nimitz Freeway) no había cristianos aplastados.

Probablemente los había. Romanos 8:23 dice que “no solo la creación (las placas geológicas debajo de California del norte) gimen de dolor de parto, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”. Compartimos la vanidad y la descomposición y las calamidades de la creación siempre que estemos en el cuerpo. Cuando las inundaciones lleguen, puede que ahoguemos. Cuando venga el huracán, puede que perdamos nuestras casas e iglesias. Cuando tiemble la tierra, puede que estemos debajo de la autopista.

No. Recibir un reino inconmovible no quiere decir que el cuerpo goce de seguridad en este mundo. No quiere decir que escaparemos el terremoto. Quiere decir que “ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las por venir, ni el poder, ni las alturas, ni las profundidades, ni ninguna otra cosa en toda la creación, podrá separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús nuestro Señor”. Esto quiere decir la certeza profunda y perdurable que “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos.

Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Cristo para esto murió, resucitó y volvió a vivir: para ser Señor así de los muertos como de los que viven.” (Romanos 14:9).Esto quiere decir que “porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir” (Hebreos 13:14): una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hebreos 11:10), una ciudad inconmovible (Hebreros 12:28) —eternamente. Esto no quiere decir que el juicio no comenzará en el hogar de Dios. Allí comenzará.

Esto nos lleva a nuestro cuarto y último punto-

4. Dios es fuego consumidor

En vista de todas estas cosas—el regalo gratuito de un reino inconmovible—debemos adorar a Dios con reverencia y sobrecogimiento, manteniendo en nuestras mentes que Dios es fuego consumidor.

El versículo 28: “Así que, recibiendo nosotros un Reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego consumidor”.

La pregunta esta mañana tanto para los creyentes como para los no creyentes es la siguiente: ¿estás adorando al Dios inconmovible, o estás adorando las posesiones movibles? ¿Está tu corazón fijado en Dios? ¿Es Dios tu tesoro, o es el mundo tu tesoro? ¿Es Dios tu garantía, o es tu plan de jubilación tu garantía? ¿Es Dios tu comunidad, o es tu familia la suma total de tu comunidad? ¿Eres un idólatra? ¿Es Dios tu porción en esta vida, o es el mundo tu porción? ¿Estás parado con reverencia y sobrecogimiento frente al poder y santidad de Dios, quien es fuego consumidor frente a todo pecado, y te vistes con la rectitud del asbesto de Jesucristo, de modo que el fuego de Dios se vea desde dentro como gloria y no como castigo?

Tengo aquí una carta que acaba de llegar proveniente de cristianos en St. Croix luego del Huracán Hugo. El último párrafo dice,

Hugo ha reforzado en nuestras mentes la importancia de agarrarnos sin rigor excesivo a las cosas materiales. En solo una noche riquezas que personas acumularon por años se convirtieron en viento y lluvia, rápidamente seguido por… ladrones.
Uno de los encabezados del periódico de ayer decía, “El estilo de vida que proviene de los puertos deportivos o marinas se desmoronan con los edificios”.

Reciban el reino inconmovible. Jesús dijo, “En verdad, en verdad os digo, si no recibid el reino como un niño, nunca entraréis”. ¿Ven que simple es? ¿Qué significa un “niño”? Significa que te humillas y reconoces que no puedes crear un sitio para ti mismo para sostenerte solo.

Que no puedes hacer esto en la vida y hacer que el futuro sea lo que necesita ser. Humíllate como un niño. Reconoces que hay un Padre en el cielo. Mira el regalo ofrecido a través de su Hijo Jesucristo—la clemencia y la esperanza de la vida eterna y un reino firme inconmovible—extiendes tus manos y di. “Pecador yo soy. Lo recibo. Esta es ahora mi porción por siempre jamás”.

John Piper estudió Literatura y Filosofía en Wheaton College. Después de la Universidad, completó una Licenciatura en Teología en el Seminario Teológico Fuller, en Pasadena California. Fue a través de Daniel Fuller que descubrió los escritos de Jonathan Edwards. John Piper hizo un doctorado en Estudios del Nuevo Testamento, en la Universidad de Munich, Alemania. En 1980, John Piper se convirtió en el Pastor de la Iglesia Bautista de Belén, en Minneapolis, Minnesota dónde ha estado ministrando desde entonces. John Piper ha escrito cuantiosos libros como: La Supremacia de Cristo, Pacto Matrimonial, Los Peligros del Deleite, No Desperdicies Tu Vida, etc.

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