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Joel Osteen

Un Momento Irremplazable

Joel Osteen

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Hace algunos años atrás, recibí muy de mañana una llamada telefónica de parte de mi papá. Para esto, Papá tenía dos meses con tratamiento de diálisis, y me dijo: “Joel, no dormí mucho anoche, y necesito ir a la clínica para que me hagan la diálisis. ¿Puedes venir para llevarle?”

Le contesté: “Claro, Papá. Ahora mismo voy”. Al ver el reloj, cual fue mi sorpresa al descubrir que eran las cuatro de la mañana. Me vestí rápidamente y conduje hacia la casa de mis papás.

Al ir conduciendo, sentí un gran amor y preocupación por mi papá. No era un afecto normal, era un amor sobrenatural. Comencé a pensar qué bueno había sido él conmigo, qué orgulloso estaba de tenerlo como mi padre, y qué bien había tratado siempre a nuestra familia. Tenía un deseo enorme de expresarle mi amor porque aunque él sabía que le amaba, esto era algo diferente.

Así que, temprano esa mañana, rumbo a la clínica, me aseguré que mi papá supiera cuánto le amaba. Le dije: “Papá, haré todo lo que pueda para hacer que tu vida sea mejor, para que estés más a gusto, para que estés aún más orgulloso de mí”.

Mantenga abierto su corazón a la compasión, y aprenda a ser pronto para seguir el fluir del amor que Dios ponga en él.

Normalmente, cuando llevaba a diálisis a mi papá, después de que le conectaban todo y comenzaba el proceso, no había mucho que hacer, así que yo me iba y regresaba a recogerlo después. El proceso duraba unas cuatro o cinco horas durante las cuales yo solía ir a hacer mandados, al trabajo o a mi casa, hasta que papá hubiera terminado, pero en este día, algo en mi interior me dijo que necesitaba quedarme con Papá, así que arrimé una silla y decidí que platicaría y pasaría un tiempo con él.

No había hecho planes para llevar a diálisis a mi papá en aquel día, por lo que tenía muchas cosas programadas, pero yo sabía que Dios quería que estuviera allí con él. Después de un rato mi papá se quedó dormido, cosa que aproveché para salir a comprarnos algo de almorzar y almorzamos juntos, platicando y conviviendo. Cuando terminó su diálisis, lo llevé a casa.

Estaba por salir por la puerta cuando mi papá me habló y me dio un abrazo muy grande. No era su abrazo de todos los días, pues no me soltaba, y me dijo: “Joel, eres el mejor hijo que podría esperar tener un padre”. Fue un momento muy especial entre nosotros, y sentí que tuvimos una conexión muy especial, había logrado mi meta de dejarle saber cuánto le amaba.

Salí esa mañana sintiéndome muy bien, sabiendo que Papá sabía que le amaba, sabiendo que estaba orgulloso de mí, y sabiendo que yo había seguido el fluir de compasión hacia él.
Y fue la última vez que vi con vida a mi papá.

Fue la última vez que pude darle un abrazo, la última vez que puede decirle que le amaba. Más tarde ese mismo día, mi papá sufrió un infarto e inesperadamente se fue con el Señor.

A pesar de mis lágrimas y pesar, más tarde pensé: Dios, eres muy bueno conmigo. Todo el tiempo yo pensé que estaba siguiendo el fluir del amor para el beneficio de mi papá, pero ahora me doy cuenta de que tú pusiste ese amor en mi corazón también para mi beneficio. Me siento muy recompensado el día de hoy porque sé que el último día de vida de mi papá, le pude expresar mi amor. Me sentí muy realizado sabiendo que no tenía de qué arrepentirme, no cambiaría nada de lo que dije, ni cambiaría nada de lo que hice. Tengo completa paz.

¿Qué hubiera sucedido si en ese día hubiera estado demasiado ocupado? ¿Qué si no hubiera seguido el fluir de compasión que Dios puso en mi corazón? ¿Qué si no hubiera sido sensible a ese amor y no hubiera expresado mis sentimientos hacia mi papá? Me hubiera perdido de algo muy precioso, un momento irreemplazable de historia – la de Papá y la mía.

En la mayoría de los casos, cuando nos extendemos a otras personas, cuando seguimos el fluir del amor, pensamos que lo estamos haciendo para el beneficio de ellas, pero le puedo decir por experiencia propia que a veces Dios pone compasión en nuestro corazón tanto para nuestro benefició como para el de otras personas.

Mantenga abierto su corazón a la compasión, y aprenda a ser pronto para seguir el fluir del amor que Dios ponga en él. Sea sensible y obediente a lo que Dios quiere que haga porque nunca se arrepentirá, ¡ni ahora, ni en mil años más!

Joel Osteen es el pastor principal de la congregación Lakewood Church en Houston, Texas, la cual es una de las iglesias más grande de EE.UU; según la revista Forbes y Outreach, con 30.000 miembros. Joel Osteen es catalogado como el pastor de programa inspiracional. En el 2004, Joel Osteen escribe su primer libro: Su Mejor Vida Ahora, fue lanzado por Time Warner quedando en los primero lugares de la lista de éxitos de venta del New York Times, y pronto subió al número uno. Se mantuvo en dicha lista de éxitos de ventas durante más de dos años y ha vendido más de cuatro millones de copias

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1 Comment

1 Comment

  1. Angelina Alvarez

    20 febrero, 2019 at 10:54 am

    Maravilloso mensaje!! Dúos te bendiga pastor Joel!! Mi vida espiritual,física y emocional a dado un giro a través de tus mensajes como este que término de leer!!! Eres una mujer de fe’ pero limitada por mis miedos, hoy se que todo lo acontecido en mi vida Dúos lo usa para llevarme a la plenitud de mi destino!!! Gracias!! Gracias!!!

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