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Dios quiere entregarte ciudades
Pastor Otoniel Font
 

Cristo fue criticado por hablar y conectarse con la gente que el mundo pensaba que había que marginar.

Conocemos la historia de Zaqueo. Cristo entra a casa de Zaqueo, Zaqueo se convierte, cambia su vida, y su familia es transformada. Y la gente criticó a Jesús por haber entrado en la casa de quien era considerado un pecador.

Cuando Jesús comparte la parábola de las diez minas, comenzando en Lucas 19:11, acababa de salir de casa de Zaqueo y, dice la palabra, que por cuanto iba de camino a Jerusalén, y la gente pensaba que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente, por esto es que Jesús comparte esta parábola.

Jesús fue criticado por meterse en casa de Zaqueo, porque Zaqueo era rico. Jesús quiso enseñarles con esta parábola que, no importa el estatus social de esa persona, él vino a buscar lo que se había perdido, tanto al pobre, como al rico.

Ellos pensaban que el mensaje del reino no era para todo el mundo, sino que era algo exclusivo. Jesús quiso decirles con esta parábola que él se iba a meter en los lugares que ellos menos esperaban.

No te sorprendas cuando Dios levante personas en los lugares que tú menos esperas, en los puestos que tú menos esperas, porque él no vino a buscarte a ti solamente. Él te ama a ti, como ama al que está afuera.

Y Cristo quería enseñarles con aquella parábola que la manifestación del reino no iba a pasar inmediatamente.

En esta parábola un hombre noble le deja dinero a sus siervos y les dice que negocien con él, y se va. Entonces Cristo hace una pausa para mencionar que había una gente que estaba en contra, que no querían que ese hombre reinara sobre ellos. El hombre noble reinaría a través de los administradores, porque cuando ellos negociaran con el dinero, se harían dueños de las ciudades de aquella gente.

¿Qué hizo el hombre noble? ¿Peleó con el enemigo? ¿Luchó con el enemigo? En ninguno de esos versos se nos dice que él eliminó al enemigo, para así poder entonces darle autoridad a sus siervos, porque no es necesario eliminar algo que se puede someter. Entonces, ¿qué hizo aquel hombre? Buscó gente que negociara para someter a aquellos que no se querían someter. A sus siervos que hicieron lo que tenían que hacer, les entregó ciudades.

En la sociedad de hoy día, nosotros tenemos que aguantar a los que gobiernan, en vez de los que gobiernan tener que aguantarnos a nosotros. Pero nosotros deberíamos entender que no se trata de eliminar al enemigo, sino que se trata de someterlo usando los talentos que Dios nos dio para darle la gloria a él y que haya ganancia en nuestra vida, y que podamos demostrar el dominio.

Aunque esta parábola habla de dinero, su enseñanza principal no es que Dios va a retribuir en tu vida de acuerdo a los resultados financieros. Esta escritura se trata de la obediencia, porque a quien Dios promueve y da autoridad es a aquellos que le obedecen, y los que le obedecen son los que hacen lo que tienen que hacer con lo que tienen en sus manos para la gloria de Dios.

En vez de estar peleando por sacar a la gente que no quiere servirle a Cristo, vamos a crear una ciudad, tomemos autoridad. Que no les quede más remedio que tener que servirle al Señor. Que no les quede más remedio que el negocio de la esquina sea cristiano, y que el puesto de la esquina sea de un creyente, y que el otro restaurante sea de una persona que le sirve al Señor.

El problema es que, como no vemos que lo que hacemos lo tenemos que hacer para traerle gloria a Dios, menospreciamos lo que Dios puede hacer desde el lugar en el que nos encontramos y dejamos de obedecerle a él. Y entonces Dios no nos puede dar más autoridad.

Tu nación puede cambiar desde un escritorio de una secretaria, desde un escritorio de un asesor político, desde una oficina bancaria de alguien que tenga acceso a un presidente de un banco. Puede cambiar desde adentro hacia afuera, desde donde tú estás.

El hombre de esta parábola no fue a quejarse con el enemigo, no fue a negociar un cincuenta por ciento, sino que encontró unos que supieran hacer negocios para la gloria de Dios, que apreciaran lo que eran y él pudiera darles autoridad. ¿Qué pasó con el que tenía una mina? Menospreció lo que tenía, y no reconoció cuál era su llamado.

Puede que tú tengas diez, cinco, tres, pero si lo que tienes es uno, ese uno es suficiente para que tú le traigas gloria a Dios, y ese uno tú tienes que celebrarlo desde el lugar en el que tú estás. Tienes que hacer lo que Dios te ha dicho que tienes que hacer, y entonces verás progreso y te darás cuenta cómo Dios podrá usarte como un agente de transformación.

 

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