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Afirma tu pie y vela
Pastor Otoniel Font
 

En el primer capítulo del libro de Habacuc, el profeta se queja, delante del Señor, por la situación en la que se encuentra el pueblo de Israel.

No hay ningún problema en que te quejes. ¿Quién mejor que Dios para recibir nuestras frustraciones y tristezas? ¿Quién mejor para entendernos? El Espíritu Santo es la única persona que se siente cómodo con tus debilidades y con tus problemas, y no tiene ningún problema en recibir la queja emocional o espiritual que puedas tener.

Lo que ocurre es que hay personas que presentan su queja ante Dios, y no hacen más nada, pensando que con eso es suficiente.

El profeta Habacuc descubió un secreto en la oración. Se dio cuenta de que él tenía que expresarle a Dios exactamente lo que él quería; pero en el capítulo 2, el profeta comienza diciendo tres cosas que él iba a hacer, luego de haber presentado su queja: Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá.

Una oración no es un monólogo. Una oración es una discusión, un compartir; por tanto, tenemos que esperar respuesta.

Ya vimos que, después de presentar nuestras peticiones en oración delante del Señor, lo próximo que tenemos que hacer es subir a un lugar alto.

Lo segundo que nos corresponde hacer es lo mismo que hizo Habacuc: afirmar nuestros pies, pararnos firmes.

El profeta no podía subir al monte, y acostarse a dormir. De nada sirve subir al monte y no estar alerta. ¿De qué te serviría subir a una posición geogrífica alta, si tu postura es la incorrecta? ¿De qué te serviría subir, si te acostaras a dormir?

Cristo le dijo a sus dicípulos que velaran con él, y los llevó al monte. Dejó a unos abajo, otros subieron a la mitad, y él llegó hasta arriba. Cuando Cristo bajó los encontró durmiendo, y les dijo: ¿No pueden velar ni una hora? Los despertó, y volvió a subir. Cuando bajó por segunda vez, los encontró nuevamente durmiendo. Volvió a subir, y al bajar por tercera vez, de nuevo estaban durmiendo.

¿Qué hacen los religiosos? Pretenden que Dios les dé el milagro porque entraron por las puertas de la iglesia. Pero cuando tú llegas a la iglesia, tiene que haber una actitud de pararte firme en el espíritu, tiene que haber una actitud de estar pendiente, tiene que haber una actitud en tu corazón de pararte firme y velar.

Lo tercero que el profeta hizo fue velar. El término velar implica que se refería a la noche. Lo que el profeta quiso decir es que no iba a dejar que la oscuridad lo venciera, que lo destruyera.

En medio de tu tiempo de crisis es cuando más tienes que velar, es cuando más tienes que tener expectativa.

Sube al monte, párate firme, y espera que algo pase, espera a ver qué Dios va a hacer. Concéntrate, asume una posición en la que puedas recibir algo de parte de Dios, y espera que algo ocurra.

Si tú llegaras a tu iglesia, sin esperar algo de parte de Dios, estarías perdiendo el tiempo. Desde que tú sales de tu casa, tú tienes que estar esperando que algo ocurra. Dios te va a hablar, Dios te va a decir lo que tienes que hacer, Dios va a hacer algo por ti, pero tiene que haber expectativa en tu vida.

Lo que nosotros vemos no es lo que el mundo ve; porque lo que se ve en el monte, no todo el mundo lo recibe.

Elías subió al monte junto a su siervo, después de siete años de sequía. Y le preguntó al siervo: ¿Qué ves? A lo que el siervo respondió: Veo una nubecita, como del tamaño de la palma de una mano. El profeta le dijo: Sal corriendo, y dile a Acab que grande lluvia se oye.

Los creyentes no nos dejamos llevar por vista, no nos dejamos llevar por las circunstancias, pero tenemos que ver algo. Lo que pasa es que nosotros vemos de manera diferente las cosas que el mundo ve. Cuando el mundo ve una pequeña nubecita, nosotros vemos un milagro; porque la nubecita es pequeña, pero la expectativa es grande.

Y, si te preguntas cómo de algo pequeño Dios va a sacar algo grande, es que no conoces al Dios al que le servimos. El Dios al que le servimos multiplica las fuerzas a aquel que no tiene absolutamente nada de fuerzas. El Dios al que le servimos es el único que cuando multiplica por cero saca algo.

Si hoy tú no tienes fuerzas, eres el mejor candidato para que Dios haga algo grande en tu vida. La pregunta es: ¿Cuál es tu expectativa?

No ores tan solo para ver si pasa algo o no. Ora, sube a un lugar alto, párate firme, y ten expectativa.

 

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