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El mensaje evangelístico 2
Luis Palau
 

6. Forma y estructura. 

Como en todo otro sermón, el evangelístico debe tener cierta forma y estructura. Al preparar el mensaje, mi sugerencia es hacer una lista con el propósito principal, el tema, la manera en que lo enfocara, etc. Póngase en lugar de su audiencia y desarrolle el sermón desde esa perspectiva. Cuando uno predica un mensaje temático, debe evitar la tentación de saltar de un pensamiento a otro, sin una transición lógica.

Piense en la introducción. Las primeras palabras son de importancia suprema. Si usted comienza a hablar en forma aburrida y monótona, es probable que no cuente con la atención del público. Si, por el contrario, comienza de manera dinámica, entusiasta e interesante, los oyentes están en sus manos para que, luego de la introducción, tengan sus oídos abiertos a la parte central del mensaje. Hay dos ideas que debemos tener en mente en forma continua. 

En primer lugar, cuál es la doctrina básica que quiero enfatizar en el mensaje.

En segundo lugar, cuál es la necesidad del oyente, en que está interesado.

De alguna manera, debo conectar la doctrina principal del mensaje con esa necesidad del oyente. 

Es aconsejable que el cuerpo central del sermón cuente con tres puntos principales; tres puntos son fáciles de recordar.

Y por ultimo viene la conclusión, que en un sermón evangelístico es invitar al oyente a tomar una decisión por Cristo. En este momento culminante, el predicador habla con autoridad divina y demanda entrega, aceptación, arrepentimiento y fe en la verdad del Cristo que acaba de proclamar. 

7. Necesidad de un clímax. 

El mensaje evangelístico debe llevar a un clímax de decisión. Habrá aceptación o rechazo, pero no neutralidad. Confrontemos al oyente con la necesidad de una decisión, y presentémosle una encrucijada. En la Biblia hay demandas (Mateo 4:19) y se habla de decisión (Juan 3:36). El inconverso debe comprender lo crucial de la decisión. Esta decisión de creer es un acto de la voluntad. 

Al hablar de clímax no me refiero a algo emocional sino espiritual. Haga que el oyente se encuentre ante una disyuntiva y se pregunte: ¿Qué voy a hacer con Cristo?

Importancia de la invitación

En un admirable artículo el pastor luterano George Fry indicó: "Quizás la predicación de la iglesia no es persuasiva porque la deslealtad de nuestra época ha sido el divorcio de teología y evangelismo. La teología que carece del propósito práctico de ver convertidos degenera en un escepticismo irresponsable. La consecuencia de esta situación es una fe que no es intelectualmente sana ni emocionalmente satisfactoria".

Muchos cristianos ya no persuaden a los inconversos a seguir a Cristo pues están convencidos de que testificar de Cristo es hacer tragar el evangelio a viva fuerza; no testifican pues creen que es suficiente "predicar con el ejemplo".

La sofisticación podría llegar a ser otra barrera en el evangelismo que demande decisión del oyente. Adoptamos los valores de nuestra sociedad y no queremos ofender a nadie parecer raros ni perder nuestro status. Otros cristianos creen que la salvación es responsabilidad exclusiva de Dios, que sólo a Él le corresponde intervenir, y por lo tanto no sienten necesidad de persuadir a los incrédulos. 

Sin embargo, el objetivo de cada creyente en Cristo -y cuanto más de los predicadores y comunicadores cristianos- es entregar el mensaje de salvación y persuadir a otros a que se arrepientan y crean (2 Corintios 5:11-13). 

No sugiero que haya que apelar al emocionalismo ni tampoco tener un llamado a la consagración o a la entrega a Cristo cada cinco minutos. Pero si tememos ofender a alguien al hacer una invitación, el evangelismo se estanca y se vuelve inerte. Quienes quieran predicar un evangelismo poderoso deberán
practicar un evangelismo de decisión. 

No basta una presentación del evangelio de manera teológica, doctrinal y bíblica, ya que eso es vital pero incompleto. La predicación del evangelio debe ir acompañada de una invitación a los que han oído la Palabra y deseen recibir a Cristo. 

Si usted quiere ver fruto en la predicación del evangelio, dé a la gente la oportunidad de tomar su decisión. Esto no significa insistir para que levanten la mano o se paren, sino darles una oportunidad clara, abierta y equilibrada para que reciban a Cristo. Mira que yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y juntos compartiremos
una comida como amigos (Apocalipsis 3:20 NVV). 

Cristo dice al oyente que debe abrir la puerta, que debe creer.

Al comunicar el mensaje y hacer la invitación, confrontemos al inconverso con compasión y amor a fin de que no cierre sus oídos ni su corazón a la voz de Dios. (Ver Josué 24:l5, l Reyes 18:21; Marcos 10:21.) Cuando yo era muchacho, con otros jóvenes cristianos habíamos formado un pequeño equipo evangelístico. 

Para animarnos en el ministerio varios hermanos de la iglesia compraron una carpa y nos pusieron a cargo de las reuniones. Nos dieron amplia libertad de acción pero nos hicieron una advertencia: No debíamos hacer invitaciones públicas para que la gente recibiera Cristo. 

Yo estaba de acuerdo con ellos. Sin embargo, pasaron los meses y fui dándome cuenta de que un mensaje sin invitación específica era una predicación incompleta. Reconocí mi error y comprendí que la invitación debía formar parte de un mensaje evangelístico, aunque habría que hacerla con equilibrio. La oportunidad de "probar" llegó.

Habíamos ido a predicar a otro en pueblo, y esa noche el salón se había la llenado. Yo estaba impaciente porque iba a hacer la primera invitación pública de mi vida. Mi mensaje fue sencillo, basado en Juan 10:28. Antes de concluir hice la invitación, de la misma forma en que lo he hecho en los
años siguientes. 

Pedí que si deseaban recibir a Cristo, inclinaran la cabeza y oraran al Señor en su corazón. Luego pedí que levantaran la mano quienes hubiesen orado conmigo. Conté treinta y cinco manos y me asusté. Era obvio que los críticos tenían razón. Era habría todo manipulación emocional. 

-Pueden bajar sus manos. Gracias. Ahora déjenme explicarles de nuevo -dije, y dediqué otra media hora al pasaje, poniendo en claro cada aspecto, asegurándome de que comprendían el significado de la vida eterna y de una relación personal con Cristo. Oramos de nuevo y pedí que levantaran las manos: esta vez eran treinta y siete... Es cierto que ése fue un caso excepcional, sin embargo, me dejó marcado de por vida.

La experiencia de mi madre también me ayudó a tomar esa determinación. Ella una vez me confesó: "Luis, muchas veces estuve a punto de recibir a Cristo, pero no lo hice porque el predicador no me daba la oportunidad. Te aconsejo entonces que cada vez que prediques el mensaje de salvación hagas la invitación para que la persona reciba a Cristo. Recuerda siempre que tal vez ésa sea la última oportunidad que tenga para recibir al Señor". 

El evangelio incluye una invitación, una gran invitación a que la gente regrese a Dios, por lo tanto la invitación es parte integral de todo el paquete.

¿Predica usted un evangelio que demanda decisión? ¿O acaso presenta un mensaje diluido que deja a la gente con una sensación agradable en cuanto a usted como comunicador pero nada más...?

Antes de predicar: Recordar 

Antes de predicar el evangelio hay varias cosas que recuerdo y me digo: (l)

Dios está siendo glorificado pues está acá y está en mí; (2) predicaré su Palabra, de modo que no debo sentirme inseguro; (3) la tengo fe en Dios pues Él está aquí; (4) Dios habla a través de mí; (5) espero que Dios haga la tarea y convierta a los pecadores; (6) reconozco que por mí mismo no puedo hacer nada, y humildemente confío en Dios; (7) pienso en los perdidos y en su destino eterno y pido al Señor que me dé compasión por ellos; (8) pido a Dios que reaviva a los cristianos a través de la verdad del evangelio; (9) espero cosecha de almas; (l0) recuerdo que tal vez ésta sea la última vez que escucharán el mensaje y pido a Dios que me dé sentido de urgencia. 

La incompleta tarea de ganar al mundo para Cristo es enorme. ¿Está usted dispuesto a mostrar compasión por los perdidos y a tener un sentido de urgencia en ganarlos para Cristo? ¿Está usted dispuesto a ser un obrero de Dios y a servirle con valentía santa? 

Comience a actuar ya mismo para acabar el trabajo que aún hay por delante.

 

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