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Administra tus recuerdos
Pastor Cash Luna
 


Cuando pasa un periodo de tiempo, no siempre todo lo que pasa es bueno. Tenemos que contabilizar las cosas que nos han sucedido que no son tan buenas. Es rara la persona que termina un periodo de tiempo invicto.

Hace poco, estaba viendo las estadísticas del fútbol americano, y me enteré que un equipo rompió el récord de terminar la temporada con sólo juegos ganados, el último que había logrado esto lo hizo en 1972. El problema es que tratamos de medir nuestro tiempo de vida en términos de que todo tiene que ser ganancia, y a veces, no todo lo es. Siempre hay alguien que establece un récord y otro que lo supera.

A veces, cerramos el año con bastantes victorias, pero también con algunos fracasos. Hay quienes ganaron a alguien, pero perdieron a otro. Es difícil tratar de medir la vida por lo que ganamos; también se puede medir de la manera que reaccionamos ante nuestras perdidas. Algunos recibieron un óleo de gozo y al día siguiente, estaban llorando por alguna pena.

Génesis 41:51

Y llamó José nombró a su primogénito Manasés, que significa “el que hace olvidar”.

Pienso que todos necesitamos un Manasés. Entrar en un periodo de tiempo en el cual podamos decir: “Y Dios me ha hecho olvidar”. La memoria se administra. José fue un hombre que tuvo un par de sueños y se los contó a su familia. A sus hermanos no muy les gusto, lo persiguieron y lo metieron en un pozo.

Querían matarlo, pero el mayor en lugar de matarlo, decidió venderlo como esclavo. Lo compró Potifar de Egipto. Dios lo hizo prosperar en Egipto y este hombre creció, administró todo bien, hasta que la esposa de Potifar decidió que lo quería para ella. Y empezó a seducirlo día tras día, hasta que un día José salió corriendo desnudo.

Eso quiere decir que lo pensó, a nadie lo desnudan si no lo piensa. Pero si salió desnudo, es porque lo desnudaron. No salga con el cuento de “¿a qué hora me pasó esto?” O “¿a qué hora me volvió a pasar? No pasa sin que uno se dé cuenta. Y a José lo acusaron de acoso sexual y lo metieron a la cárcel. Estando ahí, interpretó el sueño de dos personas, lo cual lo llevó a tener la posición de un profeta. Luego, el Faraón tuvo sueños, él los interpretó, hasta que lo pusieron detrás del trono.

La vida no fue fácil para él, ya que se calcula que inició todo esto a los diecisiete años de edad, pero mantuvo su corazón recto y Dios lo sostuvo a él en las pruebas. Me identifico con todas las personas en la Biblia, que caemos, nos levantamos, necesitamos otra oportunidad. Hay una identificación con todas ellas, ya que si Dios les dio una oportunidad a todas ellas, seguramente te la dará a ti.

José no dejó que las cosas desparecieran solas, se propuso a hacer algo. Al primer hijo le puso Manasés, para que cada vez que llamara a su hijo, dijera: “el que hace olvidar, ven”. Se le olvidó todo. Tenemos que hacer algo para olvidar lo que no es digno de ser recordado, pero a veces lo negativo puede más en nuestra mente. Los malos recuerdos producen algo negativo en nuestra vida, nos cuesta ejecutar algo en la vida con soltura, seguridad, fe, porque el recuerdo del fracaso nos está agobiando y efectuando nuestra ejecución.

Tiene que comprender que ese mal momento debe pasar. Metemos en la memoria, momentos tan duros en la vida que perjudican nuestro ejecutar en momentos que necesitamos la confianza para hacerlo. Las caídas se impregnan en nuestra memoria y cómo cuesta hacer algo bueno, cuando ese recuerdo se vuelve casi un demonio que nos acosa a la hora de hacer las cosas.

Rompiste con el novio, fue un mal momento, pasan meses, años, y alguien se te declara y sigues en el pasado. Somos especialistas en guardar malos recuerdos, pero hay que borrarlos, hacer el esfuerzo de olvidarnos de ellos. El término “olvidar” aquí no es que no me recuerdo que pasó. Si su esposo falleció, y es una viuda, nadie le va a decir que no se recuerde. O sufrió un divorcio después de veinte años de casados.

Pero se refiere a ese “olvidar” de “ya dejé eso”. A ese olvidar me refiero, sino se impregna en el corazón. ¿Quién de ustedes toma fotos de los malos momentos y guarda un álbum de ellos? ¿Quién de ustedes le dice a su hijo: “compré esta cámara digital, la enfocas y cuando tu papá venga y me meta una buena trompada, vos tomas la foto, porque año con año quiero ver la foto y ver que los dientes salieron volando”? ¿Quién toma esas fotos? Sólo un psicópata, enfermo.

Un familiar suyo pudo haber fallecido en un accidente de auto, pero usted no abre el álbum para recordar eso. ¿Por qué no maneja su memoria igual? Constantemente revisamos las imágenes de los malos momentos, que dejan la imagen y la traes justo cuando no hay que traerla. Esos momentos difíciles no vale la pena guardarlos, vienen a tu mente en el momento menos adecuado. Tuviste un buen día con tu familia, te dieron el ascenso y ¿qué pasa en la noche? Se aparece la fotografía de eso que pasó, que fue malo. No te digo que lo olvides en el sentido que uno va a tener amnesia.

Pero a pesar de que pasó, quizás tuviste en ese matrimonio momentos buenos, ¿por qué no recordar eso? ¿Porque hubo malos momentos? ¿Cuántos de ustedes han sufrido un desengaño con un amigo que siempre estuvo contigo, pero justo el día que según tú, más lo necesitaste, no estuvo ahí? Decimos: “Pero si hubiera estado en ese…” ¿Cómo sabemos que no habrá otro en que lo necesites más? Tomamos todos los buenos momentos y los ponen en el bote de la basura. Hacemos eso porque somos afectados más por lo malo que por lo bueno. Cien cosas buenas deberían de opacar las malas, pero las malas están opacando las buenas.

Creo que no es justo. Hay cosas malas ocurriendo, pero no las metas en tu memoria y dándole play, lo grabas y lo quieres volver a ver. ¿Por qué no le damos play a los buenos momentos, a las victorias? ¿Por qué no en lugar de pensar en el penalti que falló, pensamos en los que no falló? Debo pensar en los que no fallé para inspirarme en el siguiente. Si te inspiras en los momentos en que no has fallado, seguramente vas a lograrlo. Pero si siempre piensas en lo malo, nunca vas a estar inspirado para lo bueno.

No den inicio a su nueva etapa sin hacer lo que hizo José: Nombrar el día “Manasés” en que olvidaré, en que Dios me hará olvidar todo ese trabajo y sufrimiento que un día tuve y me voy a recordar de los buenos momentos que he tenido en mi vida. Normalmente, guardamos las fotografías de cosas buenas, bonitas. Abres el álbum, ves a tu hija cumpliendo años, su primer día de colegio; ves sus fotos con la pureza que tenían en sus ojos en esos momentos y te inspiras para creer en un futuro mejor. Ves las fotos de una reunión alegre, bonita, y empiezas a recibir una manera diferente de pensar. Sientes cosas diferentes, buenas.

El Señor nos dio la vida y debemos aprender a vivirla. No podemos vivir pensando en las cosas malas que nos han pasado. Cada año tomo mi auto, lo manejo a veces solo, a veces con mi esposa o mi familia, voy a los lugares donde crecí. Me paro frente al parque donde crecí, donde jugué, donde hice deporte y empiezo a meter a mi mente todos los recuerdos que tuve ahí. No dejo que los recuerdos de una familia disfuncional me afecten, más bien le meto a mi memoria los recuerdos buenos.

¿Qué recuerdos tienes? Recuerdo el carro de madera en el cual alguien me empujaba para jugar; las tablas que se ponían, y unos palos al frente con cojinetes que se para jalar las carretas con la bicicleta. Recuerdo cuando me metí debajo de un camión porque salí ileso, recuerdo los días de colegio, etc. Lo que quiero decirte es que José mismo, un hombre honesto, que todo lo que hacía prosperada, tuvo que decir “no voy a recordarme más de las cosas malas que pasaron en mi vida, sino que Dios me sacó de todas”.

Pablo dijo: “Una cosa hago, me olvido ciertamente de lo que queda atrás”. José decidió recordar cuando lo vendieron o cuando se volvió administrador de todo lo que tenía Potifar; cuando estuvo en la cárcel o cuando la administró; cuando interpretó el sueño o cuando se volvió gobernador de todo Egipto. Quiero que revises tu último periodo de vida, quiero que pienses en las cosas malas que pudieron ocurrir, las cosas malas que ocurrieron.

Quiero que con esas cosas malas que pasaron en tu mente en ese momento, pienses en tu futuro. No hay futuro, bórralas. Ahora quiero que vuelvas a pensar en las cosas buenas, no quiero que pienses en quién te abandonó, sino en quién no lo hizo; no en los que te rechazaron, sino en quién no lo hizo. Tienes que encontrarlos. Ahora quiero que pienses en tu futuro, se ve un buen futuro.

Administra tu memoria; toma tiempo para pensar en todo lo bueno que ha pasado y dile a los malos momentos: “No tengo tiempo para ustedes, no son dignos de mi sueño, de mi paz en el hogar, ni de un solo momento de mis pensamientos”. Y muévete adelante, que Dios te está acompañando en tu vida. ¿Cuántos vieron un mejor futuro? Así se construye un futuro, no tienes que ver antes de que pase.

 

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